Por qué ocurren las malas traducciones árabe-español (y cómo evitarlas)

 


Las malas traducciones no suelen deberse únicamente al desconocimiento del idioma, sino a una combinación compleja de factores culturales, lingüísticos y contextuales. En el par árabe-español, las diferencias estructurales entre ambos idiomas complican aún más el proceso. Un diccionario nunca es suficiente para captar matices culturales, registros sociales y usos idiomáticos; por eso, confiar exclusivamente en equivalencias palabra por palabra conduce inevitablemente a errores que pueden distorsionar el mensaje o incluso alterar su intención original.

Un problema habitual en la traducción entre español y árabe no son los falsos amigos clásicos, sino los falsos equivalentes. Son términos que parecen tener un equivalente directo, pero cuyo uso real cambia según el contexto administrativo, social o cultural. Esto ocurre especialmente cuando una palabra tiene varios significados posibles y el español obliga a elegir solo uno. Un ejemplo es “مَشْرُوع”, que puede significar “proyecto” o “legítimo”, según el contexto, y que puede llevar a errores graves en textos jurídicos.

También sucede que palabras asociadas originalmente a cualidades personales se utilizan en realidad como nombres de cargos formales dentro de una institución. Términos que significan “honesto”, “responsable” o “fiel” han evolucionado para convertirse en títulos administrativos como “أمين عام” o “أمين الخزنة” (secretario general, responsable de área o depositario). Si se interpretan como simples descripciones personales, la traducción pierde precisión y transforma un puesto jerárquico en una característica individual.

Asimismo, puede ocurrir que una palabra que parece referirse a una institución académica tenga en realidad un significado médico y se emplee para nombrar un órgano. “كلية”, sin diacríticas, significa “facultad” en contextos educativos, pero significa “riñón” en textos sanitarios. Lo mismo sucede con “قِسْم”, que en administración significa “departamento”, pero en medicina designa una “sección anatómica” o “área interna”. Traducir “قِسْم عُلْوِيّ” como “departamento superior” en un informe clínico sería incorrecto; la traducción adecuada es “parte superior”. Además, cuando aparece sin diacríticas, el término también puede significar “juramento”. Estos falsos equivalentes parecen válidos a primera vista, pero resultan conceptualmente erróneos si no se identifica el campo temático.

Otro problema frecuente es la traducción literal. La lengua árabe posee muchas expresiones idiomáticas y metáforas que cumplen funciones sociales específicas y que no funcionan en español si se traducen palabra por palabra. Cuando se trasladan literalmente, el resultado puede sonar exagerado o incluso absurdo. La expresión “فَتَحَ اللهُ عَلَيْكَ” significa “buena suerte” o “que te vaya bien”, pero literalmente sería “Dios te abra”, algo incomprensible en español. Del mismo modo, “بارَكَ اللهُ فِيك”, muy común en situaciones cotidianas, no debe traducirse como “que Dios te bendiga” en contextos institucionales, donde basta con “muchas gracias”.

Ocurren situaciones similares con metáforas como “ضاق صَدْري”, que literalmente significa “se me estrechó el pecho”, aunque su sentido real es “me molesté”, “me frustré” o “me angustié”. Otra expresión frecuente es “أكلته الأيام”, literalmente “lo comieron los días”, cuyo verdadero significado es “el tiempo lo desgastó” o “ha pasado por muchas dificultades”.

El fenómeno funciona también en sentido inverso. Expresiones españolas que parecen corrientes pueden resultar poco naturales o incluso inapropiadas en árabe si se traducen literalmente. Por ejemplo, “poner las cartas sobre la mesa” o “romper el hielo”, traducidas como “وَضْع البِطاقات على الطاوِلة” o “كَسْر الجَليد”, pierden naturalidad. Asimismo, expresiones de énfasis como “me muero de ganas” pueden sonar excesivamente dramáticas o bruscas cuando se traducen de forma literal al árabe formal.

La falta de contexto cultural también desempeña un papel decisivo. Muchas instituciones proporcionan textos fragmentados sin indicar quién es el público objetivo ni el nivel de formalidad requerido. En árabe, la elección del registro (formal, semiformal o dialectal) determina por completo el tono del mensaje. Por ejemplo: expresiones como “شو رأيك؟” o “ممكن تساعدني؟” son normales en un contexto dialectal levantino, pero resultan demasiado informales para un documento oficial, donde se espera “ما رأيك؟” o “هل يمكنك مساعدتي؟”. Si se utiliza la versión coloquial en informes administrativos o textos de ONG, el resultado puede sonar poco profesional o incluso irrespetuoso.

Ocurre lo contrario cuando un texto español cercano y accesible se traduce únicamente con fórmulas árabes rígidas. La frase “نَرجو من حَضْرَتِكم التواصُل معنا” puede resultar excesivamente ceremoniosa en contextos comunitarios; es preferible “يُرجى التواصُل معنا” o una variante respetuosa pero más natural. Algo parecido sucede con términos válidos en árabe formal, como “الموظف المُختَصّ” o “الإجراءات الواجِبة”, que pueden sonar fríos o autoritarios si se dirigen a familias o público general. En esos casos funcionan mejor otras opciones accesibles como “المسؤول عن المِلَفّ” o “الخطوات المطلوبة”.

Cuando falta contexto cultural, la traducción puede sonar demasiado técnica, demasiado distante o, en el extremo contrario, demasiado coloquial. Adaptar el registro no solo mejora la fluidez, sino que garantiza un texto adecuado, respetuoso y comprensible. Una traducción precisa requiere saber no solo qué se dice, sino también a quién y cómo debe decirse.

Comprender por qué ocurren estas malas traducciones permite desarrollar estrategias más sólidas: análisis previo, documentación cultural, revisión especializada y atención al propósito comunicativo. Una buena traducción no solo transfiere palabras: transmite intención, tono y sentido.

Si te interesa profundizar en la traducción español-árabe, sígueme y suscríbete a mi blog, en el que publicaré una serie de diez artículos, con nuevas entregas todas las semanas.

 

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