Heartstopper en árabe: entre la localización, la censura y los problemas terminológicos

Heartstopper Forever (2026). Imagen promocional. Fuente: TMDb.

El pasado 17 de julio se estrenó la película que pone fin al éxito mundial de la obra de Alice Oseman, Heartstopper Forever. A muchos de sus fans les faltó tiempo para correr a verla y disfrutar de esas últimas escenas de la serie. Sin embargo, esto no fue así en todo el mundo. Hay países en los que este tipo de producciones aún encuentran importantes restricciones y, con «este tipo de producciones», me refiero a aquellas que hablan abiertamente de personas LGTBIQ+ o cuentan con una amplia representación del colectivo.

La serie se distribuye oficialmente en varios países árabes a través de Netflix y cuenta con localización al árabe, incluidos doblaje y subtítulos oficiales. Netflix no la ha retirado a pesar de las exigencias de algunos sectores, procediendo en cambio a elevar la clasificación por edades a +18, dado que se trata de un servicio de streaming independiente y no puede censurarse igual que ocurre con los canales televisivos (como si ver una historia de amor tierna entre dos adolescentes homosexuales no fuera apto para menores de 18 años).

Pero esto no significa que cualquier seguidor/a de la serie pueda acceder de manera fácil y cómoda a verla. Lamentablemente, muchos/as solo podrán hacerlo cuando encuentren un momento a solas, a escondidas, como si estuvieran cometiendo un delito, ya que las propias familias suelen ser los principales agentes de censura y la sociedad sigue sin aceptar la diversidad de forma real ni verla con buenos ojos. Cierto es que la censura no es igual de estricta en todos los países y que hay grupos sociales más abiertos que otros, pero esta sigue sin ser una temática que se vea o se trate en familia con normalidad.

Dejando de lado todo lo anterior y centrándonos en lo lingüístico, que es lo mío, he de decir que me sorprendió el hecho de que la serie contara con doblaje al árabe, así que decidí verla en ese idioma para evaluar la experiencia. Pronto me di cuenta de que muchas de las dificultades que aparecen en la localización de Heartstopper están relacionadas con cuestiones que ya he abordado anteriormente en mi artículo El lenguaje inclusivo en árabe: retos y claves para profesionales de la traducción.

Lo primero que me llamó la atención es que el doblaje está realizado en árabe estándar, lo que hace que suene mucho más pesado y muy poco natural. Se trata de una serie muy desenfadada, con mucha jerga y lenguaje juvenil que, adaptado al árabe estándar, suena incluso ridículo; más aún, siguiendo las guías de lenguaje y estilo de Netflix en árabe, que suavizan el lenguaje hasta niveles absurdos.

Por señalar algunas cosas que me hicieron gracia (a pesar de ser consciente de que son el resultado de determinadas restricciones lingüísticas) menciono la omisión completa de «FFS» y la traducción de «I'll kick his ass» como «سألقنه درسًا», es decir, «le daré una lección».

Otra cosa que me llamó la atención es la gran diferencia que existe entre lo que se escucha y lo que se lee en los subtítulos. Ya sé que es algo normal, puesto que hay que adaptar las frases habladas al movimiento de boca de actores y actrices, así como a la longitud de la frase original; pero aun así no considero correcto que existan discrepancias terminológicas entre lo que se lee y lo que se escucha.

Uno de los casos que más me llamó la atención fue el término «heterosexual», que aparece como «سوي», un calco del inglés straight, y también como «مغاير», que en mi opinión sería la opción más correcta. En este caso, la inconsistencia no está del todo justificada, ya que ambas palabras suenan bastante parecidas y tienen casi la misma longitud de pronunciación.

Otro ejemplo de inconsistencia es la traducción de «homofobia», que aparece como «رهاب المثليين» y también como «عنصرية ضد المثليين», que literalmente significa «racismo contra los homosexuales». Esto me parece un error grave, ya que no es lo mismo discriminar (la homofobia ni siquiera es una fobia, sino odio y discriminación) que ser racista. No entiendo cómo este tipo de errores pasan el filtro de revisión, y esto me convence aún más de la necesidad urgente de contar con una terminología revisada y contrastada relacionada con la comunidad LGTBIQ+.

En la misma línea encontramos el término «transexual», traducido como «متحول جنسيًا» y «عابر جنسيًا». El primero equivaldría a «transformado sexualmente» y, aunque se utilizó con frecuencia en el pasado, hoy se considera menos adecuado que el segundo, que resulta más preciso y respetuoso.

Más allá de las inconsistencias terminológicas, otro aspecto llamativo es la traducción de «boyfriend» y «girlfriend». Mientras que la primera se traduce como «حبيب» («amado»), el término más cercano a esa figura, dado que muchas sociedades árabes no contemplan abiertamente la idea de noviazgo fuera de marcos más formales, la segunda se traduce como «خليلة», que para buena parte de la audiencia árabe tiene un significado más próximo a «amante», con todas las connotaciones negativas que ello implica.

Desde mi punto de vista, este tipo de elecciones terminológicas reflejan bien un desconocimiento de las connotaciones y matices de estos términos o un sesgo machista y patriarcal. En ambos casos, no deberían haber superado los procesos de revisión y control de calidad de una plataforma como Netflix.

Más allá de los errores evidentes que no debieron pasar desapercibidos, creo que esta serie habría funcionado mucho mejor doblada a alguno de los principales dialectos árabes (o a todos) y con una mayor permisividad respecto al lenguaje coloquial y malsonante. Eso habría contribuido a crear un entorno mucho más cercano y natural para la audiencia, y espero que este tipo de localización audiovisual sea algo que Netflix decida adoptar en el futuro, ya que probablemente supondría un aumento de popularidad y audiencia en la región.

Precisamente, observaciones como estas fueron las que me llevaron a desarrollar mi propio glosario de terminología LGBTQIA+ en árabe. No nació como un ejercicio académico, sino de la constatación de que existe una enorme falta de coherencia terminológica, de consenso y de recursos accesibles para traductores, medios, organizaciones y personas usuarias.

Seguiré ampliándolo y documentando estos casos, porque si algo demuestra una serie como Heartstopper es que la representación importa, pero también importa la forma en que la transmitimos y la hacemos llegar a otras lenguas y culturas.


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