La niña que quería arreglar el mundo creó NARLIA


Fotografía de infancia de la autora montada en un caballo de madera en un patio exterior. La imagen acompaña la historia de la niña que soñaba con cambiar el mundo y que años después crearía NARLIA.


Ya con ocho o nueve años me preocupaba la injusticia que veía en el mundo, desde el punto de vista de esa niña, no tenía sentido que niños murieran de hambre en un mundo tan lleno de recursos, o que años de guerras destrozasen las vidas de miles de personas por un pedazo de tierra o más riqueza. Soñaba con un mundo en paz en el que todos nos apoyábamos y formábamos una gran familia.

Lo que más me gusta de mí misma hoy es que a pesar del paso de los años y las muchas desilusiones y golpes de vida, después de descubrir cuán cruel puede llegar a ser el ser humano y lo fácil que es caer en el cinismo o la desesperanza, sigo creyendo que es posible hacer las cosas mejor. Quizás ya no lo veo con la ingenuidad de mis ocho años, pero sí creo que pequeñas acciones acumuladas pueden hacer un gran cambio.

Nací en España, en los ochenta, en una familia mixta, árabe- española, y pronto los deseos de mi padre de volver a su tierra nos llevaron a Siria. En esos primeros años de mi vida ya aprendí sobre lo difícil que resulta integrarse en un nuevo país, una nueva cultura, y a lo largo de los años vi actuar el racismo en ambas direcciones. Tenía dos países, pero era extranjera en ambos.

De ahí desarrollé una gran capacidad de observación del comportamiento humano y la diferencia entre lo que se manifiesta y lo que se hace. Fui añadiendo identidades a la lista de discriminación por diferentes motivos y poco a poco fui dándome cuenta de la cantidad de factores que influyen en nuestras vidas.

Vivir entre España y Siria, me hizo darme cuenta de que no era lo mismo nacer hombre que nacer mujer, ser de un lado del mar o del otro, creer en un dios u otro (o en ninguno), pero tampoco era igual aquel que seguía las normas que quien se atrevía a cuestionarlas.

Con todo esto en mente y con las cartas que me tocaron en la vida la traducción parecía mi camino destinado, uno que más tarde me llevó a ser intérprete, a trabajar con refugiados y refugiadas, de todas las edades, con todas sus similitudes y diferencias y fue precisamente gracias a todo lo observado y aprendido a lo largo de los años que pude ser más que una transmisora de palabras.

Esas personas refugiadas eran de todas las edades, procedencias y creencias. También había personas LGTBIAQ+, aunque a menudo su realidad quedaba diluida dentro de la categoría más amplia de "persona refugiada". Sin embargo, cuanto más contacto tenía con ellas, más evidente se hacía que muchas enfrentaban dificultades muy diferentes y cargaban con miedos, experiencias y necesidades específicas que raramente aparecían en las conversaciones generales sobre refugio e integración.

Durante los pasados doce años, puse todo eso y buena parte de mi corazón al servicio de esas personas que lo necesitaban. Ayudé a aclarar situaciones confusas y malentendidos, acerqué ideas y expliqué miles de situaciones que no terminaban de encajar, pero, sobre todo, aprendí, aprendí nuevamente y desde otro ángulo lo que significa empezar en un nuevo país, a menudo con poco más de lo que se es y un montón de miedos.

Durante esos años me fui dando cuenta más y más de que cosas que para mí eran obvias, porque había crecido con ellas, las había vivido y veía perfectamente, no lo eran para los/las demás. No era obvio todo el contexto de una persona LGTBIAQ+ arabófona ni cómo se ve afectada por él, para la mayoría de profesionales que trabajan dando atención social, jurídica, psicológica, médica o de cualquier otro tipo a las personas refugiadas, no por falta de profesionalidad o interés, sino simplemente porque nadie lo cuenta, casi no existe una narrativa clara y completa y es difícil tener en cuenta algo que no se conoce.

De igual manera, una persona recién llegada se encuentra con miles de cosas que no entiende, que no sabe cómo funcionan o por qué están ahí. Y a menudo, no encuentran recursos claros adaptados a sus necesidades para ayudarles a entender; pero la parte que más me llama la atención es que muchas de estas personas no acuden a ciertos servicios porque no encuentran nada que les invite a ello, no saben si serán bienvenidas, o peor aún, comprendidas.

Esto es más palpable todavía cuando se trata de colectivos ya marginados o discriminados en su país de origen, como es el caso de mujeres, personas LGTBIAQ+ u otros grupos minoritarios. He visto a estas personas llegar cargadas de miedo, de dudas y de desconfianza y también he visto cómo cambia por completo su actitud en el mismo instante en el que me escuchaban hablar su idioma y transmitirles que entendía su situación, quienes eran y por qué buscaban apoyo.

Por eso con el paso de los años cada vez dedicaba más tiempo a estos aspectos, quería ayudar, aclarar situaciones, apoyar a ambas partes a entender y sobre todo ayudar a que las personas que ya de por sí se sentían discriminadas no se vieran encerradas en una espiral de incomprensión. Quería ayudar a que pudieran hacer oír su propia voz., hacer visible su situación y ayudar a que se les entendiera y se les apoyara de la mejor forma posible.

Mi primer paso evidente en esa dirección fue el glosario de terminología LGTBIAQ+ en árabe estándar, la idea era proporcionar un listado explicado de terminología básica para poder utilizar en contextos administrativos, académicos, médicos o cualquier otro que requiera de un lenguaje neutro y respetuoso. Este es un proyecto aún en desarrollo ya que aún faltan términos por incluir y detallar, pero también supuso una puerta abierta a la creación de otros recursos dirigidos a ONG, asociaciones, profesionales que quieran conocer mejor el contexto de las personas arabófonas.

Al mismo tiempo ofrezco talleres para acercar esas mismas ideas y ayudar a una mejor conexión con las personas a las que se atiende desde esas entidades.

Pero NARLIA es mucho más que recursos y talleres, mi objetivo es crear espacios donde las personas LGTBIAQ+ arabófonas puedan ser ellas mismas, crear conexiones, realizar actividades y reconectar con esa parte de ellas que tuvieron que dejar atrás, en su idioma.

En mi mente inquieta hay miles de ideas dando saltos para ser las primeras en ejecutarse, pero muchas aún necesitan tiempo y preparación, por ahora las primeras en línea son encuentros, virtuales o presenciales para intercambiar ideas, algún picnic o club y un ciclo de cine LGTBIAQ+ árabe que ayude a conocer mejor ese mundo tan lejano para algunos/as.

Como podéis ver NARLIA nace de una idea muy sencilla: que ninguna persona tenga que elegir entre ser quien es y sentirse comprendida. Quiero contribuir a crear recursos, espacios y comunidades donde las personas LGTBIAQ+ arabófonas puedan encontrar información, apoyo y referentes en su propio idioma, pero también ayudar a que profesionales y organizaciones comprendan mejor sus realidades. Porque la inclusión no empieza cuando una persona pide ayuda; empieza mucho antes, cuando siente que un espacio también fue pensado para ella.

 

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